Es muy gratificante poder acompañar a cada uno de nuestros pacientes en su ilusión y brindarles esperanza. Definitivamente, ver cómo sus ojos se iluminan cuando les decimos que alguno de nuestros tratamientos aumentarán sus probabilidades de concebir a esa pequeña personita que cambiará sus vidas, es una de las sensaciones más bonitas que hay.

No hay nada tan emocionante para nosotros como sentir esa felicidad y nostalgia cuando caen en cuenta de que, finalmente, podrán formar la familia que desean.

Ser parte de una clínica de fertilidad como CEMAE va mucho más allá de un trabajo, porque se requiere empatía, experiencia, conocimiento, y, sobre todo, amor.

Sí, amor. El amor es la clave. Amor por el prójimo, amor por sus sentimientos y emociones, amor por lo que hacemos.

 diario vivimos tantas emociones de primera mano, que es imposible expresarlas con solo palabras, y se necesita de mucho amor para superar el día a día.

Por eso, poder ayudar y guiar a nuestros pacientes durante todo el proceso por el que pasan, desde el examen diagnóstico, la elección del tratamiento y el procedimiento adecuado, es para nosotros el acto más sincero de amor.

Ya que deja de ser solo su sueño, y pasa a convertirse en el nuestro también.

Desde el momento en que nos encontramos cara a cara con ellos y nos cuentan su historia, todo cambia.

“Nos enamoramos y ahora queremos tener un hijo, pero ha sido muy complicado”
“Hace años no buscaba hijos y ahora sí”
“Me gustaría formar una familia con ella”

“Llevo muchos años queriendo tener hijos, pero mis genes lo complican”

Cada una de las historias hacen parte de nosotros como clínica y nos construyen,  tanto en lo personal como en lo profesional.

En este artículo, queremos agradecerles a todos nuestros pacientes de este año por confiar en nosotros y permitirnos llevar felicidad a su hogar.

¡Empecemos el siguiente año con amor y sigamos materializando sueños!